Les quiero aclarar a los habituales lectores de esta sección que me voy a tomar una licencia y, el recuerdo de esta fecha, será escrito desde el amor incondicional de este hincha para con el máximo ídolo de nuestro club, por lo cual va a carecer de objetividad e imparcialidad.

 
La tarde del 5 de mayo de 1991 se disputó en "La Visera" el partido entre Independiente y Estudiantes de La Plata por la fecha 11 del Torneo Clausura de dicho año. De poco interesa saber que el partido terminó empatado en uno, que el "Rojo" se fue al descanso perdiendo y que el "Beto" Alfaro Moreno lo igualó en el segundo tiempo. 
 
Lo que motiva a este humilde redactor escribir estas líneas desde el dolor, son las consecuencias de lo que ocurrió a los 41 minutos de la primera etapa cuando una patada criminal por parte de un "jugador" de la visita (al cual no mencionaré), provoca una sería lesión de rodilla al "Bocha". Los qué estábamos en la cancha por alguna razón que sería imposible de describir, sabíamos que no era una lesión cualquiera, había una presunción en el ambiente que algo malo había pasado. Semanas después, por propias palabras del "Bocha", lamentablemente nuestras presunciones se confirmaban. Ricardo Enrique Bochini se retiraba del fútbol debido a la imposibilidad de una rápida rehabilitación.
 
El Maestro a los 37 años había dado su última función, detrás habían quedado esos 19 años en los que nos regaló tanta magia, tanta alegría y los mejores momentos de fútbol qué vi en mi vida.
 
Desde ese lejano 25 de junio de 1972 cuando debuta en el Estadio Monumental, hasta ese fatídico 5 de mayo de 1991, el "Maestro" nos deleitó con 715 funciones convirtiendo 108 goles y regalando una cantidad innumerable a sus compañeros, dónde nos predicó el gusto por el fútbol refinado quien hizo que el hincha de Independiente sea considerado de "paladar negro". En esas casi 2 décadas con la "diez" en su espalda ganó 14 títulos y millones de adherentes a su prédica. Siempre la pelota al pié, siempre por abajo, tirando gambetas y paredes, toques cortos y asistencias que parecían toques de magia.
 
Solo su grandeza pudo apañar el ánimo de hinchas que insultaban al "verdugo" que lo sacó de las canchas, quitándole la responsabilidad, cuando declaró: "No tengo ningún rencor con Erbín, porque la patada me la da cuando ya me estaba retirando. Si me hubiera pegado a los veinte años, me hubiera recuperado. Además, tampoco fue un golpe fuerte, vino de atrás, es cierto, pero no es que me quebró la tibia y el peroné”. Sin dudas sus palabras eran el fiel reflejo de sus actos, dónde todo rival exalta su caballerosidad deportiva.
 
El Bocha es un ejemplo de fidelidad hacia la camiseta, de lealtad como deportista qué respetó cómo pocos al juego. Cuando comencé a escribir estas líneas tenía un resabio de esa bronca que me invadió la tarde el 5 de mayo del 91, mientras recordaba todas las tardes de éxtasis futbolístico brindado, hizo que este atardecer sea más alegre. ¡Muchas gracias, Maestro!
 
Roberto Annocaro

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