El 27 de julio de 1984 se jugaba en la "Visera" la segunda final de la Copa Libertadores de América de 1984 ante Gremio de Porto Alegre, con el empate en cero, el "Rey de Copas" conquistaba por séptima vez el trofeo continental más preciado de una forma brillante.

 
El 22 de diciembre de 1983, luego de vencer por 2 a 0 a su eterno rival, con goles de  Ricardo Giusti y "el Capitán" Enzo Trossero, y lograr el Torneo Metropolitano de 1983, Independiente no solo había logrado sacarse esa espina que le había quedado clavada tras dos subcampeonatos consecutivos, sino que adquiría por derecho propio la participación en la competencia continental de 1984.
 
Hablar del romance entre el hincha del "Rojo" y "la Copa", a diferencia de otros clubes, se remonta desde principios de la década del 60, de tal manera que no es muy difícil de imaginar la espectativa que provocó en todos los ámbitos del club, ya sean dirigentes, cuerpo técnico, jugadores e hinchas. Para reforzar el ataque del gran equipo comandado por José Omar Pastoriza, se pusieron los ojos en Alejandro Barberón, un viejo conocido de la casa.
 
Le tocó compartir el Grupo 1 junto a Estudiantes de La Plata, Olimpia y Sportivo Luqueño, los dos últimos de Paraguay. 
 
El 29 de febrero debuta de visitante ante Estudiantes de La Plata y luego de ir perdiendo desde los 14' del primer tiempo, Alejandro Barberón a los 31' de la misma etapa consigue el empate que le daría al "Rojo" su primer punto. Viaja a Asunción para jugar contra los equipos guaraníes, ambos partidos con tres días de diferencia en el Estadio Defensores del Chaco. Primero contra Sportivo Luqueño, fue victoria por 1 a 0, gol de Burruchaga. El segundo fue  caída, por el mismo  tanteador, contra Olimpia en un duro partido, dejando la certeza que la clasificación no iba a ser fácil y que en las revanchas de local no había lugar para un tropiezo ya que de los cuatro integrantes del grupo, solo uno pasaría a las semifinales.
El primero de los tres partidos de local que tenía para tratar de clasificarse fue contra Sportivo Luqueño, a quien derrota por 2 tantos contra 0, con goles de Claudio Marangoni a los 8' del segundo tiempo y Sergio Merlini a los 30' de la misma etapa. 
 
En el segundo recibió la visita de Estudiantes de La Plata, quien tenía la obligación de ganar para continuar en carrera, faltando diez minutos para culminar la primera etapa un penal ejecutado por José Ponce vence a Carlos Goyén y pone el partido 0 a 1 en favor del equipo platense. Luego del descanso el "Rojo" salió decidido a llevarse por delante al rival, con un Enzo Trossero empujando desde el fondo, Claudio Marangoni haciéndose patrón del mediocampo y un Ricardo Bochini excepcional, fué poco lo que pudo hacer la visita. A los 8' Alejandro Barberón, a los 26' Jorge Burruchaga y dos verdaderos golazos de Ricardo Bochini, a los 32' de emboquillada al arquero Benítez, perdón si pierdo la objetividad pero sólo él lo vió adelantado y hacer que la pelota haga una parábola perfecta y caiga entre la espalda del arquero y la línea de meta , y a los 40' con un disparo contra un palo. Era 4 a 1, y a esperar el mano a mano con Olimpia, donde debía ganar y esperar que el conjunto guaraní no golée a Estudiantes en la última fecha.
 
La noche del 24 de abril de 1984, será difícil de olvidar para los hinchas que fueron testigos de un partido que tuvo todos los condimentos necesarios para describir  una verdadera "noche de copas". El partido comenzó tan favorable para el "Rey de Copas" que a los 2' Claudio Marangoni ya había convertido para la tranquilidad de todos, pero un gol de Jorge Guasch 15' después y otro de Gustavo Benítez de penal a los 10' del segundo tiempo, puso al conjunto visitante en inmejorable posición de pasar a las semifinales, ya que a Independiente solo le servía la victoria. Fué ahí, cuando al igual que diez días antes, en el partido contra Estudiantes, la mística copera se hizo presente en "La Visera", Jorge Burruchaga a los 29' de penal ponía el empate, pero el duro equipo de Asunción peleaba cada pelota como si fuera la última y le cerraba todos los caminos hacia el arco de Ever Almeida, hasta que en el '43 una gran jugada que comienza  Alejandro Barberón en posición de 4 corriendo en diagonal, pase a Ricardo Bochini, quien espera el momento justo para pasar el balón entre los dos marcadores centrales para que Barberón desborde, tire el centro atrás y Sergio Bufarini convierta el gol que sería el pasaje a semifinales, ya que en su último partido, Olimpia debia golear a Estudiantes y solo le convirtió un gol.
 
El grupo de semifinales lo compartió con Universidad Católica de Chile y Nacional de Uruguay. 
 
Los primeros dos partidos fueron en condición de visitante, primero ante Nacional en el Estadio Centenario, el cual terminó empatado en un gol por bando, Juan Ramón Carrasco a los 11' del primer tiempo para el local y Alejandro Barberón a los 20' del segundo tiempo ponía el empate.
 
Unos días después del cotejo en Montevideo, y dos días antes del partido en Santiago de Chile, José Omar Pastoriza sufre un infarto, por lo cual Ramón Toribio Adorno, quien era el ayudante de campo, dirigió técnicamente al equipo en Chile y en las revanchas en Avellaneda.
 
En el enfrentamiento disputado en el Estadio Nacional de Chile contra Universidad Católica, el "Rojo" consiguió el segundo empate de esta serie, fue sin goles y todo quedaba por resolverse en "La Visera".
 
Veinte días después del partido en Santiago de Chile, vuelven a enfrentarse en Avellaneda. Independiente vence al conjunto Trasandino por 2 tantos contra 1, Sergio Bufarini a los 16' de la primera etapa puso la ventaja transitoria, Miguel Ángel Neira lo empata a los 2' del segundo tiempo para el conjunto chileno y Jorge Burruchaga a los 29' coloca el resultado definitivo.
El último partido de semifinales fué de local frente a Nacional de Uruguay, la victoria por 1 a 0, con gol de Jorge Burruchaga a los 15' del segundo tiempo, no solo le dió la victoria a Independiente, sino que también el pasaje a una nueva final de la Copa Libertadores, la séptima en este caso. 
 
El rival para dirimir el preciado galardón sería el último campeón, Gremio de Porto Alegre, un equipo poderoso con muchos jugadores de la selección brasileña y el capitán del seleccionado uruguayo, Hugo de León, las finales serían el 24 y el 27 de julio, primero en Brasil y luego en Argentina, cabe destacar que para ambos partidos José Omar Pastoriza volvería a dirigir desde el banco de suplentes.
 
La primera de las finales, fue "la final", se disputó en el Estadio Olímpico de Porto Alegre que lucía un marco imponente, con entradas agotadas. Lo bien que hizo el público brasilero, amante del buen fútbol, en agotar todas las entradas, ya que pudieron ver una verdadera exhibición de fútbol, una final con un juego, de un equipo visitante, de altísimo nivel como nunca se ha visto en los sesenta años de competencia. Independiente vapuleó al equipo local, con una lección de fútbol de ataque rozando la perfección, o no, ya que muchos medios brasileños como "el partido perfecto" y calificando a todos los jugadores del "Rey de Copas" con un 10. El partido solo culminó 1 a 0, el gol fué una obra maestra dirigida por Ricardo Bochini, quien luego de recibir un pase cerca del área grande y hacer una pausa interminable, esperando el pique al vacío de Jorge Burruchaga, le entrega el balón en soledad para que convierta ante la salida del golero. Esa noche Independiente formó con: Carlos Goyén; Néstor Clausen, Hugo Villaverde, Enzo Trossero (C), Carlos Enrique; Ricardo Giusti, Claudio Marangoni, Ricardo Bochini, Jorge Burruchaga; Sergio Bufarini, Alejandro Barberón.
 
Fue tal la clase que dió el equipo, en el que minimizó al muy buen equipo de Porto Alegre, que en la segunda final, jugada tres días después, pareció que el conjunto visitante se confirmaba con no ser goleado. El partido revancha termino empatado en cero, dando la sensación que fue de compromiso.
El 27 de julio de 1984, pasadas las 23hs, el Capitán Enzo Trossero recibía el trofeo más amado por todos los hinchas de Independiente, "su eterna enamorada", recibía La Copa Libertadores de América, que nunca podría haber quedado en mejores manos, las del "Rey de Copas".
 
Roberto Annocaro

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