A lo largo de la historia la camiseta número diez fue lo más cercano a una condecoración hacia el jugador que reúna ciertas cualidades, cómo ser habilidad, talento, jerarquía, visión de juego. En síntesis, siempre fue una distinción hacia los cracks.

La "diez” del "Rojo" tomó vida hace 70 años, el 26 de junio de 1949, en el partido que Independiente enfrentó en condición de visitante al Club Atlético Huracán por la fecha 9 del Campeonato de 1949, dicho cotejo de jugó en el "Gasómetro" y el "Rojo" triunfó por 4 (V. De la Mata, J. M. Romay y M. Fernández 2) a 2 (M. Di Pace 2). Ese día el primer "diez", de una larga lista de jugadores célebres, fue Mario Fernández.

Para fines de la década del 40, en alguna oportunidad la vistió Vicente "Capote" De la Mata, quien se puede decir que sirvió de nexo, hasta que en 1950 Ernesto Grillo se la calzó para darle brío a "la Diez" y, podríamos decir, que a partir de él le dió un valor especial a quién la usara. Ernesto Grillo tenía tanta clase que no solo realzó el valor de llevar "la Diez" en Independiente, sino que también lo llevo a la selección nacional. Se podría decir que fue nuestro primer crack en usarla, un jugador extraordinario, que la lució tanto en el ámbito local como en Europa. En una gira por el viejo continente, el mismísimo Real Madrid multicampeón de Alfredo Distéfano pudieron ser testigos de la calidad con la que el "Diez" comandaba a un equipo que le convertía 6 goles en su propia casa.

Después que Grillo traspasara al Milan, hubo que esperar hasta que Mario Rodríguez, "Mariulo", le dé nuevamente verdadera jerarquía. Con ella en la espalda, conquista tres títulos en sus tres años en el club, un título nacional y dos copas Libertadores, en las cuales es protagonista a lo largo de ambas competencias. Muchos de nuestros lectores aún recuerdan su gol ante Nacional de Uruguay en la final, allá por 1964, para ganar la primera de las siete preseas continentales, y de esa manera, comenzar con la mística copera.

Años más tarde Vicente De la Mata (h) también la lució, siendo un caso curioso, ya que tanto padre e hijo tuvieron ese honor.

Llega Héctor Casimiro Yazalde, "Chirola", un jugador tan fenomenal como querido por los hinchas, subiéndole la vara y el valor de la casaca. La conquista del Torneo Nacional de 1967, rompiendo todos los récords de efectividad, con un juego tan exquisito como demoledor, le cae a la perfección a "Chirola" con esa "Diez". En 1970 se va a continuar su brillante carrera deportiva a Portugal y se queda esperando a quien pudiera estar a la altura de tan alta exigencia.

El 25 de junio  de 1972, en el Estadio Monumental de Nuñez, en el partido que disputaban River Plate e Independiente, en el minuto 74 ingresaba Ricardo Enrique Bochini con la casaca número 16 en reemplazo de Hugo Saggioratto, era el debut de quien por 18 años le daría la más alta exigencia a quien la fuera a usar. Si bien en un principio, Bochini, usó la camiseta número 9, poco tiempo después se calzó "la Diez" del "Rojo" para no dejarla más, la respetó y honró como casi nunca antes alguien lo hubiera hecho. Dignificó a Grillo, De la Mata, "Mariulo", "Chirola", y a todos los que alguna vez se la hayan puesto, partido tras partido. La tarde del Estadio Olímpico de Roma, en la que se disputaba la única final de la Copa Intercontinental de 1973 ante Juventus, el público italiano, en su gran mayoría, y un puñado de argentinos, veía cómo un chico de 19 años con "la Díez" en su espalda, a pura gambeta en velocidad y tirando paredes, quedaba frente al arquero de la selección italiana y empalando el balón, converte el gol, sale corriendo para abrazarse con sus compañeros y le da a Independiente la primera Copa Intercontinental, ante un público paralizado por la destreza del "Diez". Luego llegaron otras proezas y hazañas realizadas por "esa Diez" de Bochini, la "Hazaña de Córdoba", la noche de los dos goles a Filliol para ganar el Torneo Nacional de 1978, las noches de copas de 1984 como tantas otras en los 70's, la consagración en Tokio para obtener la segunda Intercontinental, los goles a Boca para ganar la Liguilla de 1987, primero, y después para dejarlo sin título y obtener el Campeonato de 1988/89. En esos 18 años, esa casaca llegó al punto más alto de jerarquía en toda su historia.

Durante los 18 años que jugó Bochini, en ese tiempo las formaciones usaban numeración corrida del uno al once, muchos grandes jugadores usaron ocasionalmente "la Diez", cómo Gerardo Reinoso, Sérgio Merlini, Pedro Massacessi y Rubén Darío Insúa. El dato curioso es que en una oportunidad la utilizó Guillermo Ríos, "Luli", en un partido contra Estudiantes de La Plata en 1984. Pero a quién mejor le quedó fue a Jorge Burruchaga quien la cuidó cuando Bochini se lesionó en 1982, cómo también cuando regresó en 1995.

Al retiro de Bochini, semejante legado no encontraba a alguien que se haga cargo de tan pesada responsabilidad, hasta que dos años más tarde, Daniel Garnero le vuelve a dar el brillo que se merece, dueño de una gran habilidad y una pegada formidable, luce "la Diez" para ganar el Torneo Clausura de 1994 y la Supercopa del mismo año.

Vuelve Jorge Burruchaga, sabiendo de la exigencia y lo que significa para el hincha de Independiente ponerse la camiseta que usan los distintos, con el equipo dirigido por César Luis Menotti, brindan un fuerte de alto vuelo respetando a rajatabla los preceptos del "Diez" del "Rojo".

A comienzos de los años 2000 Federico Insúa, "el Pocho", la llevaría, junto a un gran equipo, a lograr luego de varios años el Torneo Apertura de año 2002.

Habría que esperar un tiempo para qué Sérgio Agüero, "el Kun", con menos de 20 años, surgido de las inferiores y con "la Diez" en su espalda, haga delirar a todo el "pueblo Rojo" con sus quiebres de cintura, pura gambetas y goles antológicos vuelva a estar a la altura de lo que exige una casaca con tanta gloria.

Más tarde, a otro integrante de ese equipo del año 2002 le toca esa distinción, Daniel Gastón Montenegro, "el Rolfi". En los años más difíciles de toda la historia del club, cuando había poco que festejar y la paciencia no era algo fácil de encontrar entre los hinchas, "Rolfi" logra protegerla del apocalipsis futbolístico e institucional en el se encontraba el club. Épocas en los que no se festejaban títulos ni proezas, él siguió siendo leal al mandamiento qué impone el solo hecho de usar "la Diez", cuando la pelota les quemaba a sus compañeros, él seguía tocando por abajo, la pelota siempre al pie y jugando para adelante. 

Desde "ese Diez" comenzó la reconstrucción futbolística, a lo que luego se le acopló la parte institucional, para que hayamos vuelto a lograr conquistas internacionales y que siempre miremos con mayor atención a quien lleve "la Diez" en la espalda.

Roberto Annocaro y Gabriel Dalale

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