Los datos fríos del papel dirán que el 25 de enero de 1978 se jugó la segunda final que coronaria al Campeón del Torneo Nacional de 1977, que se enfrentaron el local, Talleres de Córdoba e Independiente, que el equipo de la docta dirigido por Roberto Saporiti formó con: Guibaudo; Astudillo, L. Galván, Bonelli, Ócaño; Reinaldi, Ludueña, Valencia; Bocanelli, Bravo y Cherini.

El Rojo dirigido por José Omar Pastoriza lo hizo con: Rigante; Pagnanini, Villaverde, Trossero, Pérez; Larrosa, R. Galván, Bochini; Britez, Outes y Magallanes. También dirá que ingresaron en el segundo tiempo Syeyyguil por Reinaldi, Bordón por Syeyyguil, Bertoni por Magallanes y Biondi por Britez. Que hubo incidencias y que fueron expulsados Galván, Larrosa y Trossero. Los goles fueron convertidos a los 29’ Outes, 60’ Cherini (penal), 74’ Bocanelli y 83’ Bochini. Que fue dirigido por el Árbitro Roberto Barreiro y que se jugó en el Estadio Boutique de Barrio Jardín (Córdoba).

Hasta ahí, solo fríos datos de lo que fue una noche infernal, que era para verla con el corazón en la mano, y con un final que se pareció a una película de suspenso donde hubo un comienzo expectante donde la visita se coloca 1 a 0 y de esa forma se van al descanso. 

Lo que hasta ese momento no se sabía, es que en el vestuario del árbitro se estaría tejiendo una trama cínica, entre dos “villanos”, para quitarle al Rojo un título que estaba logrando con armas nobles, de esa confabulación los actores eran el juez Barreiro y el Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez, el militar le dijo al juez: "Si no gana Talleres, no salís vivo". Con esa amenaza en la cabeza del árbitro comenzó el segundo tiempo. A los quince minutos se comenzaron a dar muestras de las palabras del militar, un penal más que dudoso por una supuesta mano adentro del área, desde ya que no fue mano y la jugada fue afuera del área, y uno a uno. Quince minutos después el equipo ayudado por los “villanos" convierte un gol con la mano y "la mano ejecutora" del plan, expulsa al capitán y otros dos jugadores. Ante tanta injusticia, los ocho jugadores restantes no quieren ser parte de ese circo armado y deciden irse, el padre de esa gran familia, les ordena: "sean hombres, vayan y ganen". Realizó dos cambios que serán decisivos en el final de la historia. El panorama era el siguiente, dos a uno abajo, de visitante, ocho contra once, un árbitro dispuesto a hacer todo lo posible para cumplir con su parte y quince minutos por jugar. Ahora es cuando debe aparecer "el chico de la película", apareció nueve minutos después, en una jugada memorable tirando paredes dentro del área rival. Bertoni, Bochini, Biondi y luego Bochini que elude al marcador derecho y con el arco tapado, la patea de zurda por arriba, entrando la pelota por el medio del arco. Después de ahí, solo quedaba defender esa hazaña, por la dignidad del futbol, para que como en todas las historias heroicas los valientes venzan a los villanos, y otra vez más El Rojo hizo lo imposible 

En la última nota que dio el querido "Negro" Galván, y casualmente en nuestro programa radial, nos dijo "Un milico me dijo, muchachos no se gasten que el partido está arreglado. Lo que no se dieron cuenta que del otro lado estábamos nosotros".

Roberto Annocaro

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